Seguimos progresando por el camino que nos llevará a contemplar el rostro de Jesús. El trayecto no es fácil y no está exento de dificultades, para unos más que para otros. Es arduo el desierto por el que deambulan diariamente parados de larga duración, personas que desde su cajero automático, cuan dormitorio improvisado, ven pasar el tiempo enajenados con la única compañía de un perro de peluche, mujeres humilladas por el abuso y la violencia ejercida por un cobarde individuo, padres que lloran de impotencia porque no le pueden asegurar un futuro prometedor a sus hijos…

 

 Todo buen cristiano debe agudizar su mirada y allanar los caminos para que las personas que sufren encuentren consuelo y refugio en el acogedor pesebre que protege al Misterio.


Este 2º domingo de adviento nos invita también a la conversión, a enterrar el hombre viejo y afrontar cada amanecer con la ilusión de un hombre nuevo que tendrá la oportunidad de acercarse temblorosamente al “portal”, de arrodillarse admirado y sentir como su corazón palpita desorbitado, porque ese inocente niño te cautivará y te provocará un cambio radical en tu vida.


¿Quieres sentir como Cristo da sentido a tu vida? Ábrele tu corazón, no te arrepentirás,